La crisis financiera internacional continúa deteriorando el panorama de la economía brasileña tanto o más de lo que lo está haciendo con el resto de las economías de la región. Justamente en el día de ayer, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, reconoció que la actividad económica acumuló dos trimestres con crecimiento negativo, con lo cual Brasil ha ingresado técnicamente en recesión.
El deterioro económico, entró en Brasil principalmente por la puerta del sector externo en donde el impacto se sintió a través de la caída en las ventas del sector manufacturero provocando un fuerte aumento de la desocupación en un círculo vicioso que profundiza la caída.
Pero como les he comentado en artículos anteriores, la economía de Brasil es una economía que ha venido haciendo bien sus deberes con una política económica y monetaria sana que priorizó los objetivos de crecimiento de largo plazo. Es por ello que la economía brasileña mantiene a pesar de la situación, muy buenos fundamentos para lograr una rápida recuperación en cuanto se calme el contexto global.
La fortaleza percibida por parte del sector privado acerca de la economía brasileña está provocando que aquellas empresas que tienen la capacidad de continuar llevando adelante sus planes de inversión sin poner en riesgo su salud financiera, lo hagan para lograr posicionarse estratégicamente en vistas de la nueva economía mundial que se avecina una vez superada la crisis. Es que los temores del corto plazo son superados con amplitud con las posibilidades de mediano y largo plazo que se le abren a las empresas brasileñas tanto en el mercado interno (el que de todos modos, no tendrá una recuperación sencilla), como en el mercado externo.
Producto de las interesantes oportunidades de negocios que las compañías brasileñas perciben es que las mismas han estado muy activas en el cumplimiento de sus planes de inversión. Es en este contexto que hemos sido testigos del proceso de concentración que se está produciendo en la banca brasileña con una agresiva política de adquisiciones llevadas adelante por las principales entidades que operan en el país y con la resonante fusión entre los gigantes Banco Itaú y Unibanco creando al nuevo gigante que ha comenzado a operar con el nombre de ITAUUNIBANCO (BVSP:ITAU3; NYSE:ITU).
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También en este contexto hemos visto cómo el gobierno de Lula da Silva continúa adelante con su Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC), que implica políticas de apoyo para sectores económicos considerados estratégicos para Brasil en la nueva configuración mundial como lo son el sector energético (con el impulso al desarrollo de áreas petroleras y los biocombustibles), el sector aeronáutico, el automotriz en su segmento de híbridos y el de los commodities agrícolas, entre otros sectores.
Todo hace pensar que la presente crisis, no detendrá el proceso de cambio global que se está experimentando y que entre las oportunidades que ofrece para las economías en desarrollo de Latinoamérica, le acerca una demanda potencial en crecimiento de alimentos que ha provocado el surgimiento de una estrategia de expansión de grandes empresas de la región.
En relación a lo anterior, en artículos pasados les había hablado de algunas empresas brasileñas del sector cárnico, JBS S.A. (BVSP:JBSS3) y Marfrig Alimentos (BVSP:MRFG3), que se encontraban en pleno proceso de expansión de sus operaciones a nivel internacional ingresando a los nuevos mercados que se estaban abriendo.
Esta estrategia de expansión internacional que han iniciado ya varias empresas brasileñas, está siendo imitada por otras empresas del país (también imitada por empresas de otros países de Latinoamérica). Es así que la brasileña Sadia (BVSP:SDA; NYSE:SDIA3) y Perdigao (BVSP:PRGA3; NYSE:PDA), dos de las principales empresas procesadoras de alimentos de Latinoamérica, acaban de llegar a un acuerdo de fusión que potenciará el crecimiento de la nueva compañía. La empresa combinada que surgiría de dicha fusión pasaría a llamarse Brasil Foods, pasando a ser una de las mayores procesadoras de carnes del mundo, con un volumen de facturación anual de R$ 20.000 millones (alrededor de US$ 9.500 millones).
Lógicamente por las implicancias que dicha fusión pueda tener, más allá del acuerdo alcanzado de fusión, el mismo requerirá para su concreción definitiva de la aprobación de los reguladores brasileños antimonopolios.
En este acuerdo que se produciría a través del intercambio de acciones, los tenedores de títulos de Perdigao tendrían un 68% de Brasil Foods, mientras que el resto iría para los inversores de Sadia. Si bien ambos grupos de accionistas perderían poder dentro de la nueva empresa (porque se transforman en titulares de una porción menor de la misma), saben que los beneficios del acuerdo superan con creces este costo que deben pagar.
Con este acuerdo de fusión, se da lugar al surgimiento de una nueva compañía con posiciones de liderazgo en la industria de carnes de aves y cerdo, y con operaciones ampliadas hacia otros segmentos de alimentos, incluyendo pizzas congeladas, pastas, margarina y postres. Vale mencionar que Perdigao también tiene un importante negocio de lácteos, luego de adquirir las empresas brasileñas Eleva y Batavo.
La empresa combinada tendría una participación de mercado del 50% en el procesamiento de carnes y margarinas. Por otra parte, en segmentos tales como pastas listas para cocinar, la nueva compañía alcanzaría una participación del 80%.
El acuerdo de fusión que se acaba de concretar, se produce entre dos empresas con serios planes de expansión global. Si bien tanto Sadia como Perdigao han observado resultados negativos en el último trimestre, es cierto que dichos resultados son consecuencia del fuerte impacto de la crisis financiera internacional sobre la demanda externa y a los incrementos observados en los costos, pero ello no ha afectado la solidez de ambas compañías que muestran en sus hojas de balance.
Si bien las acciones de ambas empresas han experimentado un fuerte crecimiento en su valor desde finales del mes de abril, cuando se supo que se habían reanudado las conversaciones para la fusión de ambas empresas, el desarrollo potencial que puede tener la nueva compañía en su política de expansión hacia los mercados extranjeros, la cual se fortalecerá luego del acuerdo, genera interesantes perspectivas para el valor de dichas acciones.
El acuerdo entre Sadia y Perdigao no es sino otra muestra más del proceso de cambio que se está observando en el sector empresario brasileño que está dando lugar al surgimiento de grandes empresas con una orientación a la transnacionalización en busca de liderar mundialmente los mercados en los que operan. En esta cruzada, las empresas brasileñas no están solas ya que cuentan con un efectivo y comprometido apoyo del gobierno brasileño ¿Será este el nuevo modelo de políticas de apoyo a imitar?